sábado, 19 de noviembre de 2011

LA FUNDA DEL SOFA, DE IKEA POR SUPUESTO.


En esta jornada de reflexión voy a llamar vuestra atención sobre un interesante tema, que tras muchas meditaciones, me tiene nublado el ánimo.

He llegado a la conclusión de que, a modo de simbiosis perfecta, la funda del sofá, o cubre sofá, es a éste como el aceite a las espinacas.
Tal simbiosis tiene su más alta expresión en el caso de los sofás de IKEA. Dulce nombre el de la multinacional sueca, destino seguro en aburridos fines de semana, en los que sus instalaciones se convierten en puerto seguro, meta de nuestros anhelos reformadores de estancias, bazar de ensueño, paraíso del montaplex y la llave alex, biblioteca alejandrina del manual de instrucciones, despensa inagotable de manjares suecos, surtidor permanente de refrescos gratuitos, un paraíso en fin, donde se suceden, una tras otras, bellas estancias, completos cuartos de baño, singulares salones, equipadísimas y pulcras cocinas, imponentes armarios, todo un regocijo para los sentidos, lo malo es que todo habrá que montarlo en casa en medio de delirantes discusiones.

Adquirido el soberbio sofá sueco, en pulcro e  impoluto color blanco a ser posible, una duda nos reconcome, como proteger su virginal blancura del diario uso. Y viene a nuestra mente como un rayo el pensamiento revelador, la prístina idea, " habrá que ponerle una funda". Eureka, ya está aquí el complemento del sofá, su fiel funda protectora.

Cuando transportado debidamente el sofá a nuestra casa, admirándolo ya en su lugar, le colocamos su funda, su cubre sofá, también adquirido a nuestros amigo suecos, y tras remeterla concienzudamente por todos los cojines, respaldos y demás vericuetos, tras la primera sentada, después de que nuestros hijos lo estrenen con el debido revolcón, que nos hiela la sangre ante la imagen dañada de nuestro nuevo sofá, descubrimos que LA FUNDA TIENE VIDA PROPIA. Aterrador descubrimiento, la muy ladina no se mantiene en su sitio, se arruga, abandona los cojines, el respaldo, los brazos, confiriendo al sofá un aspecto descuidado y atroz. Intentaremos reparar tal desafuero con trabajo diario. Antes de acostarnos, alisado de la funda del sofá. Tras la siesta, alisado de la funda del sofá. Tras la visita, alisado de la funda del sofá. Cuando los niños se marchan, alisado de la funda del sofá.

Pero cuidado, la funda también puede defenderse. Una mañana de sábado en la que procedía a la conveniente tarea del alisado, de la funda del sofá, sentí un extraño crujir en el dedo índice de mi mano derecha. Alarmado observo que la primera falange de mi dedo esta doblada cual alcayata. Presa del pánico acudo raudo a las urgencias hospitalárias. Atendido por el doctor de guardia, por fortuna traumatólogo, se me comunica el fatal diagnostico, rotura de tendón del dedo. Colocación de metálica férula en el mismo, según el galeno igual se me quedaba derecho con el tiempo, y ahora lo mejor, su comentario, " Que, colocando la funda del sofá, es muy común ". Quedo anonadado, la funda vive !!, la funda ataca!!, y médicamente existe el SÍNDROME DE LA COLOCACIÓN DE LA FUNDA DEL SOFÁ.

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